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La tendencia hacia la formación basada en competencias es un fenómeno complejo en el que convergen paradigmas y políticas de distinta índole. Existe una coyuntura histórica en la que las posturas coincidentes e incluso las críticas o divergentes contribuyen a integrar una visión sobre la educación que puede resultar en cambios significativos de los sistemas y las prácticas escolares. Es necesario recordar que la globalización económica contribuye a que este paradigma educativo orientado a competencias se haya asumido por los sistemas escolares nacionales como un recurso de integración internacional, pero no es la estandarización de los parámetros para la evaluación de la calidad educativa su única motivación.

Incluso la UNESCO convencida sobre sus ventajas se apoya en fundamentos axiológicos, epistémicos y teóricos sobre el aprendizaje que han tomado fuerza en las últimas décadas, pero que se ha abierto paso con dificultad desde siglos atrás. Quienes se encuentran a favor del paradigma educativo basado en competencias son quienes pugnan por una educación que prepare para la vida y el trabajo siguiendo parámetros que le economía globalizada impone, quienes promueven una educación centrada en el desarrollo de las capacidades y no en la acumulación de conocimientos inertes, así como por quienes aspiran a una mayor equidad, inclusión y reconocimiento de los aprendizajes que se generan en cualquier ámbito u organización