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La psicología filosófica se encarga de estudiar exclusivamente problemas de la conducta y de la mente en un contexto del conocimiento común, principalmente de la psicología popular, con el auxilio de herramientas exclusivamente filosóficas. Es una ocupación de sillón, ajena, por tanto, a la psicología experimental.

Podría parecer que la psicología filosófica es cosa del pasado. En realidad la llamda psicología humanista, sea la de Frankl, Maslow, Rogers, Lacan o cualquier otra, no es otra cosa que una continuación de la psicología filosófica tradicional, que se mantiene libre de contaminación experimental y de modelos matemáticos. La única diferencia está en que los psicológos humanistas, como los psicoanalistas, ven pacientes, mientras que su contrapartida filosófica sólo se ocupa de libros.

Es bastante cierto que a veces se encuentran intuiciones más interesantes sobre la mente humana en los escritos de los psicologos de sillón, o incluso en autores de ficción, que en muchos experimentos rigurosos, pero carentes de imaginación. Despues de todo, la condición humana y el talento literario no tienen fronteras.

Es importante subrayar que a menudo, la psicología científica, a diferencia de la psicología filosófica y de la humanista, está totalmente divorciada de la filosofía. Hasta la pieza más modesta de la investigación científica presupone una cierta dosis de pricipios filosóficos.

Por lo tanto, no se trata de renunciar tacitamente a la filosofía, sino de mantenerla bajo control de la ciencia, y de ayudarla a convertirse en una disciplina capaz de hacer progresar activamente al conocimiento humano.

De esta manera, se supone que la psicología estudia la conducta y la vida mental, en caso de que exista, de los animales capaces de aprendizaje. Entre sus objetivos podemos mencionar: la descrpción, la explicación y la predicción y una meta práctica, a saber, el tratamiento de transtornos de conducta o mentales.