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El conductismo supuso uno de los mayores esfuerzos de los psicólogos por hacer de su disciplina una ciencia. Los principios metodológicos que exigieron a la psicología (experimentación, rechazo de la introspección, empleo de categorías explicativas definidas operacionalmente, …) supuso un adelanto y una conquista que la mayoría de los psicólogos consideran irrenunciable. Sin embargo, estos triunfos se vieron claramente empañados en cuestiones fundamentales: el conductismo es una psicología sin sujeto (psicología del organismo vacío); su pretensión teórica fundamental consiste en explicar toda la conducta a partir del aprendizaje: son los refuerzos y los estímulos presentes en la vida de los organismos los que determinan su modo de relacionarse con el medio y de resolver sus problemas adaptativos. Esta paradójica renuncia al sujeto para explicar lo que el sujeto hace se puede plantear en los términos tradicionales de cuerpo y mente: el conductismo da poca importancia al cuerpo y a las predisposiciones genéticas de la conducta; pero también rechaza la mente, prescinde de forma explícita y, en muchos casos combativa, de la mente como elemento explicativo. La psicología conductista estudia la conducta para explicar la conducta.