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“Los dioses han ocultado lo que hace vivir a los hombres.”  Hesíodo, Los trabajos y los días

Si todo se piensa en términos de mercado y producto, los circuitos del arte también se han convertido en un mercado por el que circulan profesionales de la venta y tiburones de la absorción de novedades que intentan beneficiarse del autor profesionalizado que si no vende no existe. De este modo tenemos gran cantidad de escritores (alentados por el nuevo concepto de literatura fácil que nos hace creer que todos somos capaces de escribir y editar) que intentar dar a conocer sus obras al gran público y que se sumergen en las redes de la industria editorial para
intentar ser los más vendidos y alcanzar fama y riqueza.

Es el mismo mercado el que crea este cyborg de la letra que en vez de líneas escribe billetes y no publica novelas sino millones. Millones para el escritor, para el agente literario, para el editor, para el vendedor de la exclusiva en prensa, para la jefa de prensa de la editorial, para Juani, la señora de la limpieza de la editorial… Como si hubiera descubierto una nueva bombilla de bajo consumo, el editor publica la nueva obra de bajo consumo que quizá dure un mes en el mercado, quizá seis, si tenemos suerte un año… todo ello con la sal de la gran ironía del consumo: ¿cómo es posible que se vendan tantas obras si el público casi no lee? “¿Tienes una camisa en el armario que no te pones? Creo que sí. ¿Tienes un libro en la estantería que no lees? Sí, sí, sí, gracias a él mis amigos creen que soy culto.”

Todo shopping center que se precie debe tener una librería donde figuren (resalto figurar) los libros más vendidos, los más premiados, aquellos de cuyo autor más se habla en los medios de comunicación porque es escandaloso/a, guapo/a, marido/mujer del presidente de XXX… el autor también es un producto que se vende porque el libro es un artículo que se promociona y si es un tipo feo y gordo no le publicarán el libro porque venderá menos, ya que parece que el público busque la perfección de la que carece la obra en la figura de quien la ha escrito.

Soldados de Salamina fue publicada por la editorial Tusquets en marzo de 2001. Su autor había publicado con anterioridad varias obras en Sirmio, El Acantilado y Tusquets, pero hasta que no apareció Soldados… no se hizo famoso. La obra originó el conocido “fenómeno Cercas” que ha terminado convirtiéndola en el más reciente best-seller español. ¿Cumple las condiciones enunciadas por Albert Zuckerman (Vila-Sanjuan, 2003: 460) en Cómo escribir un best-seller:
Las técnicas del éxito literario? Trata de un tema importante en el imaginario español como es la Guerra Civil; plantea varias intrigas como la del fusilamiento o el hallazgo del viejo Miralles; propone un suceso original como la huida de un hombre que iba a ser fusilado… pero no presenta personajes extraordinarios, ni escenarios exóticos. Lo que puede haber provocado el éxito de la obra en este sentido es el auge de la nueva novela histórica a cuyos parámetros se adscribe Cercas. Más adelante plantearemos la importancia de este género en la narrativa actual.

Cuando el editor de Tusquets Juan Cerezo recibió el manuscrito en diciembre de 2000 consideró tras leerlo que se trataba de una emocionante obra literaria, aunque tanto él como Beatriz de Moura, directora editorial, no le auguraron un futuro de “bombazo” mercantil. Antonio López Lamadrid, consejero delegado de Tusquets, decidió que la primera tirada sería de 5000 ejemplares pero Cerezo y de Moura le pidieron que la aumentara a 6000. Finalmente, ese mes de febrero se vendieron 5834 ejemplares. De todos modos, rastreando su auge paulatino, podemos observar que hay dos momentos fundamentales de aumento en la recepción, (además de las Diadas catalanas) a partir de la crítica de Mario Vargas Llosa en septiembre de 2001 y de la decisión de filmar una película por parte del director David Trueba que terminó estrenándose en marzo de 2003 (aunque el guión estaba escrito desde 2002). El mes que surgió el elogioso artículo de Vargas Llosa la cifra de ventas fue de 21148 ejemplares y de 18391 cuando se estrenó el film de Trueba.

Silvia Hueso Fibla,
Universidad de Valencia

Soladados de salamina